Continuamos con la serie de “Conversaciones con impacto”, dedicada a empresas y profesionales que contribuyen a construir un modelo turístico más responsable en la Costa Brava y el Pirineo de Girona. En esta ocasión hablamos con Josep Serra, una de las caras visibles de La Vinyeta, una bodega de la DO Empordà situada en Mollet de Peralada que ha convertido la sostenibilidad, la economía circular y la colaboración con el territorio en los fundamentos de su proyecto.
Más allá de la bodega
“En La Vinyeta vivimos de la tierra y somos muy conscientes del impacto que generamos sobre el territorio”, afirma Serra. Esta vinculación con el entorno determina también su manera de entender el enoturismo: una actividad que tiene que crear valor para quien visita la bodega, pero también para la comunidad local y el paisaje que la hace posible.
Por eso, el turismo sostenible no es una línea de trabajo separada de la actividad agrícola, sino una extensión natural del proyecto. “Solo tiene sentido si contribuye positivamente a mantener vivo el territorio, dar oportunidades a la actividad local y preservar los recursos que hacen posible nuestro paisaje y nuestra actividad”, explica.
La viña como un ecosistema vivo
Esta filosofía toma forma en un modelo que integra agricultura, ganadería y conservación de la biodiversidad. La bodega preserva variedades autóctonas y contribuye a recuperar especies amenazadas, como el cernícalo primilla, para el cual se ha construido una torre de nidificación en la finca, en colaboración con Paisatges Vius, una entidad dedicada a la conservación de la naturaleza.
Los animales también forman parte de este equilibrio. Las gallinas se alimentan de restos de la elaboración del vino y proporcionan abono; las ovejas controlan la hierba y fertilizan las viñas; y las abejas favorecen la polinización y la biodiversidad. Así, aquello que podría ser un residuo, se convierte en un recurso dentro de un sistema que busca cerrar círculos.
A esta mirada se añaden las prácticas de agricultura regenerativa, el autoconsumo energético y la gestión responsable del agua, en colaboración con universidades y centros de investigación como el Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA).
Un compromiso también social
La Vinyeta colabora también con productores, empresas y entidades locales para que su actividad turística genere retorno en el territorio. Entre estas alianzas está la Fundació TRESC, con quien trabaja para favorecer la inserción sociolaboral de personas con problemas de salud mental.
La formación es otro eje del proyecto. Un ejemplo es la viña plantada en Llançà, en colaboración con el Ayuntamiento y el instituto del municipio, donde el alumnado del ciclo formativo de grado medio de Vinos y Aceites puede hacer prácticas de campo. La bodega también acoge a estudiantes de todas partes que participan en las diferentes áreas del proyecto, aportan conocimiento y contribuyen a difundir esta manera de trabajar.
La coherencia como valor empresarial
Para Serra, el impacto más importante no proviene de una iniciativa concreta, sino de haber entendido la sostenibilidad como una filosofía transversal. “Con los años hemos creado un modelo propio donde el trabajo regenerativo, la economía circular y el espíritu de colaboración impregnan todas las áreas del negocio”.
Esta coherencia ha ayudado a La Vinyeta a construir una identidad sólida, generar confianza y conectar con un público que busca experiencias auténticas. Aunque el camino implica encontrar el equilibrio entre la viabilidad económica y el compromiso ambiental y social. Muchas decisiones requieren más inversión o dedicación, pero la bodega mantiene una visión a largo plazo. “La coherencia acaba generando valor, tanto para el proyecto como para los clientes”, asegura Serra.
El enoturismo como una herramienta de divulgación
Las visitas permiten compartir este modelo con las personas que se acercan a la bodega. Experiencias como el Picnic Entre Viñedos, que combina visita, cata de vinos y gastronomía en medio de la naturaleza, ayudan a entender de donde proviene aquello que consumimos y qué relación mantiene con la tierra y las personas que la trabajan.
De cara al futuro, Serra defiende un turismo que priorice la calidad por encima de la cantidad. En este modelo, el Patronat de Turisme Costa Brava Girona puede actuar como conector, impulsar alianzas, dar visibilidad a buenas prácticas y ayudar a medir el impacto del turismo más allá del número de visitantes.
Porque, como muestra La Vinyeta, el compromiso con la sostenibilidad no consiste solo en reducir el impacto, sino que también significa regenerar, compartir conocimiento y contribuir a mantener vivo el territorio.